Johana Maturana y Tatiana Galera Integrantes de la dupla LBT de la IEM
Hoy Colombia se estremece ante el transfeminicidio y la tortura de nuestra compañera Sara Millerey. Pero este no es un hecho aislado: es la expresión más atroz de una violencia sistemática que persiste y se nutre de discursos de odio, prácticas discriminatorias y lógicas excluyentes que continúan deshumanizándonos.
A quienes decidimos ser y existir en libertad, nos sigue costando la vida. En lo que va del año, al menos 33 personas con identidades diversas han sido asesinadas en el país. Las agresiones físicas, la violencia sexual, los intentos de asesinato y los crímenes de odio no son excepciones: son parte de una realidad cotidiana que atraviesa nuestros cuerpos y también hiere nuestras almas.
No queremos morir como Sara.
No queremos ser agredidas como Johana.
No queremos vivir con miedo como Anyela, Tatiana, Sandra…
No queremos seguir muriendo ante la mirada de una sociedad que calla, en medio de una guerra que profundiza la violencia contra nosotras, frente a un Estado que no garantiza nuestra existencia, y ante medios que informan con morbo, sin respeto, revictimizando y borrando nuestra dignidad.
Nuestra memoria no se honra replicando el horror, el odio o el desprecio. Se honra exigiendo justicia. También demandamos leyes que nos protejan, políticas públicas efectivas, un Estado verdaderamente presente y una sociedad que reconozca y respete todas las identidades y orientaciones sexuales.
Hoy el país se estremece, pero esta ha sido siempre la realidad que nos ha rodeado: el miedo, el horror, la violencia. Por eso hoy volvemos a exigir el derecho a vivir con dignidad y a habitar nuestros territorios sin temor, sin amenazas, sin miedo a ser asesinadas.

